Galicia arde por noveno día consecutivo

incendios en galicia

Un apocalipsis forestal en Galicia

Los incendios en Galicia devastan la región sin piedad. El incendio de Larouco arrasa 18.000 hectáreas en Ourense, convirtiéndose en el peor desastre de la historia gallega. Las llamas cruzan el río Sil hacia Quiroga (Lugo), dejando un rastro de cenizas donde antes reinaba el verde gallego.

Según la Consellería de Medio Rural, a 19 de agosto de 2025, nueve focos activos consumen 80.000 hectáreas, de las cuales 62.000 están en Ourense. Miles de personas evacúan en Vilamartín de Valdeorras y A Rúa. Carreteras como la A-52 y la N-525 permanecen cortadas por la cercanía del fuego. Además, el servicio ferroviario de alta velocidad de Renfe fue suspendido desde el 15 de agosto entre Madrid y Galicia hasta nuevo aviso.

El calor extremo y los vientos impredecibles frustran los esfuerzos de extinción: más de 140 brigadas, 20 helicópteros, 17 aviones y la Unidad Militar de Emergencias (UME) luchan sin descanso. Sin embargo, la magnitud de la crisis supera los recursos disponibles, así que una vez más los propios vecinos de las localidades afectadas y grupos de voluntarios llegados de otras zonas han tenido que ponerse manos a la obra, luchando de manera desesperada pero incansable contra las llamas. Cuatro bomberos heridos y un fallecido en León reflejan el peligro extremo de esta tragedia.


Zonas afectadas: Ourense y Lugo en llamas

Incendios forestales en Ourense
Captura del 18/08/2025 de los incendios forestales de Ourense

Ourense es el epicentro de los Incendios en Galicia este 2025. El incendio de Larouco afecta siete municipios. Aldeas como Cernego quedan devastadas, con montes de eucaliptos y arboles autóctonos reducidos a cenizas.

El municipio de Petín evacúa pueblos como Portela y pierde olivares centenarios. A Rúa sufre daños en viñedos del Godello, esenciales para la Denominación de Origen Valdeorras.

El incendio de Vilamartín de Valdeorras amenaza el castro de O Castelo, un yacimiento arqueológico celta. O Barco pierde el bosque de robles en Pena Trevinca, hábitat de especies protegidas irremplazable. Rubiá enfrenta riesgos en las minas romanas de A Seara, parte fundamental del legado aurífero gallego. Quiroga, en Lugo, evacúa núcleos como A Ermida, con casas de pizarra tradicional destruidas. Este foco quema 18.000 hectáreas y pone en peligro la fauna local y sus poblaciones de lobos ibéricos.

El incendio de Chandrexa de Queixa, unificado con el de Vilariño de Conso, calcina 17.500 hectáreas y amenaza el bosque milenario de castaños en Queixa, un enclave único en Europa.

Vilariño pierde el castro de As Muradellas, un asentamiento prehistórico. Manzaneda evacúa aldeas como Reigada, con varias granjas familiares destruidas. Montederramo sufre daños en el monasterio cisterciense de Santa María, un tesoro medieval. A Pobra de Trives ve sus montes comunales arrasados, afectando pastos ganaderos. Brigadas logran contener avances parciales, pero el daño es inmenso.

El fuego de Oímbra arrasa 15.000 hectáreas, extendiéndose por Monterrei, Cualedro y Verín y amenazando el castillo medieval de Monterrei, todo un símbolo histórico de patrimonio gallego. Verín pierde cientos de olivares y viñedos de la DO Monterrei.

Cualedro evacúa pueblos como Lucenza, con casas tradicionales quemadas y familias deshauciadas. Monterrei sufre en sus riberas fluviales, hogar de aves protegidas. El incendio de A Mezquita quema 10.000 hectáreas, afectando Chaguazoso y sus bosques de abedules. Castros celtas como O Castelo de Sarracín están en riesgo.

Maceda, con 3.500 hectáreas quemadas, amenaza el castillo de Maceda, una fortaleza del siglo XI. Soutelo evacúa residentes mientras robles centenarios arden. Carballeda de Avia pierde 3.500 hectáreas, poniendo en peligro el río Avia y el pueblo de Faramontaos. Monumentos romanos, como puentes antiguos, enfrentan amenazas directas.

En Lugo, Folgoso do Courel evacúa Seceda, con bosques de acebos milenarios devastados. Años y años de protección y crecimiento reducidos a cenizas.

Estas zonas, dependientes de la agricultura y ganadería, ven colapsar sus economías.


O Courel: Un tesoro natural al borde del abismo

La Serra do Courel enfrenta una pérdida irreparable. Este geoparque, parte de la Red Natura 2000, alberga una biodiversidad única. Bosques de castaños milenarios, algunos con más de 500 años, arden sin control.

Robles, abedules y acebos, endémicos de la región, se convierten en cenizas. Especies como el águila real, el lobo ibérico y el corzo huyen de sus hábitats destruidos. El Parque Natural do Invernadeiro pierde vegetación nativa esencial. Pena Trevinca, con endemismos únicos, sufre daños catastróficos.

70.000 hectáreas han sido devastadas en Galicia, con O Courel como una de las áreas más afectadas. Los incendios de 2022 ya quemaron 11.800 hectáreas aquí, y ahora la tragedia se multiplica. Los ecologistas alertan sobre extinciones locales que podrían alterar el equilibrio ecológico. La recuperación de estos ecosistemas llevará generaciones, dejando cicatrices imborrables en el paisaje gallego.


Resistencia vecinal: Heroísmo frente a la tragedia

Los gallegos combaten las llamas con desesperación en cada una de las aldeas afectadas. En San Vicente de Leira, los vecinos usan mangueras y cubos para salvar sus hogares. En Vilamartín, jóvenes permanecen en aldeas evacuadas, arriesgando sus vidas para proteger propiedades, campos y bosques. Un enorme etcétera de aldeas son defendidas tan sólo con la valentia de sus vecinos, armados con lo que tienen contra las llamas, garrafas, mangueras, palas o incluso ramas.

La indignación estalla por la falta de medios preventivos. Sindicatos denuncian recortes en brigadas forestales, dejando a Galicia vulnerable. «Nos han abandonado a nuestra suerte», claman los afectados. En redes sociales, la rabia se multiplica.

Un post en X, compartido miles de veces, acusa al Gobierno de priorizar discursos políticos sobre acción real. En Ourense, cadenas humanas intentan salvar casas, pero muchos ven sus vidas reducidas a cenizas. Comunidades rurales exigen más hidroaviones y brigadas. Voluntarios forman brigadas improvisadas, demostrando la fuerza colectiva de Galicia. Esta furia impulsa protestas en las calles y en línea, uniendo a la región en un grito por justicia.


Críticas al estado: negligencias bajo escrutinio

La ciudadanía gallega señala al Estado con furia. Las autoridades atribuyen los incendios al cambio climático, pero las evidencias apuntan a causas humanas.

La Guardia Civil ha detenido a 27 personas desde junio por incendios provocados. Además, investigan a 83 por negligencias, como quemas agrícolas mal gestionadas. El 70% de los incendios son intencionados, según expertos, pero el discurso oficial minimiza esta realidad. Un informe de la Xunta destacaba datos bajos en 2024, lo que contrasta con la actual catástrofe.

La ciudadanía exige penas de hasta 20 años para los responsables. Organizaciones locales piden más vigilancia y una gestión forestal robusta. La percepción de abandono estatal alimenta una desconfianza profunda, mientras los gallegos reclaman acción inmediata.


Desconfianza por posibles intereses ocultos

La desconfianza crece ante coincidencias sospechosas. Muchas áreas quemadas coinciden con proyectos mineros y eólicos en tramitación. En minería, Ourense enfrenta prospecciones de litio, estaño, wolframio y tántalo. En junio de 2024, Omega Real Estate S.L. solicitó permisos para investigar en Novo Arboim, Novo Cima y Novo Frixo, abarcando Oímbra, Verín, Vilardevós, Laza, Sarreaus, Cualedro y Monterrei.

Estos proyectos cubren miles de hectáreas, afectando decenas de cuadrículas mineras. La oposición local presentó cientos de alegaciones, con plataformas como Salvemos Verín recolectando un millar de firmas contra los riesgos ambientales. Acuíferos, hábitats prioritarios y suelos agrícolas están en peligro. Los incendios de 2025, como los de Oímbra y Chandrexa, afectan estos mismos municipios, generando preocupación legítima. Aunque no hay pruebas de incendios provocados para facilitar recalificaciones, la coincidencia aviva demandas de transparencia.

En parques eólicos, el proyecto Rebordechao, con 154 MW, se tramita en la Serra do Macizo Central. Afecta Laza, Vilar de Barrio y Maceda. Otros macroproyectos eólicos superponen con zonas incendiadas, como Verín y Monterrei. Documentos oficiales confirman solapamientos municipales. Comunidades rurales denuncian impactos en la Red Natura 2000, incluyendo la única pareja de águila real en Lugo. Tribunales han paralizado proyectos en Arbo y Vimianzo por daños ambientales.

La Ley de Montes prohíbe recalificar suelos quemados por 30 años, pero las excepciones despiertan recelo. Maldita.es desmiente conspiraciones sobre quemas intencionadas, pero la ciudadanía exige investigaciones exhaustivas. La transparencia es crucial para descartar delitos. La normativa actual limita usos extractivos, pero la desconfianza persiste.


Pérdida de recursos del rural gallego

El rural gallego sufre una pérdida devastadora. Los Incendios Galicia 2025 destruyen el fruto de generaciones. En Ourense, aldeas como Cernego y Portela pierden casas familiares, algunas con siglos de historia. Viñedos del Godello en A Rúa y olivares en Verín quedan reducidos a cenizas. En Vilariño de Conso, pastos ganaderos esenciales para el ganado vacuno y ovino desaparecen, dejando a ganaderos sin sustento. Montes comunales, vitales para la economía rural, arden en Manzaneda y A Pobra de Trives. En Lugo, Folgoso do Courel ve sus aldeas, como Seceda, perder cultivos de castañas y huertos familiares. El impacto trasciende lo económico: es la herencia de generaciones la que se desvanece.

El turismo, un pilar económico, también se tambalea. La pérdida de patrimonio natural, como los bosques milenarios de O Courel, y cultural, como el castillo de Monterrei, aleja a visitantes. Pero el daño va más allá. Familias pierden hogares, granjas y tierras cultivadas con esfuerzo centenario. En Quiroga, la destrucción de explotaciones agrícolas amenaza la subsistencia. La identidad rural gallega, forjada por generaciones, está en juego. La Xunta promete ayudas económicas, pero los afectados claman que no compensan la pérdida de su legado.


Otros incendios: Jarilla y Picos de Europa

España arde en agosto de 2025. El incendio de Jarilla, en Cáceres, quema 15.464 hectáreas tras ocho días sin control. Amenaza el Valle del Jerte, famoso por sus cerezos. Cabezuela del Valle evacúa a sus residentes. Las llamas avanzan hacia Garganta de los Papúos, con un perímetro de 155 kilómetros. En León, el incendio de Yeres devasta Picos de Europa. Cabrales y Amieva pierden ecosistemas únicos, hogar del oso pardo. En Zamora, Molezuelas calcina 30.000 hectáreas. España suma 350.000 hectáreas quemadas en 2025. La sequía extrema alimenta esta tragedia. La ciudadanía reclama recursos internacionales, mientras detienen sospechosos en varios casos.

Los Incendios Galicia 2025 marcan un punto de inflexión. Comunidades luchan por renacer, pero el dolor por las pérdidas culturales y rurales es inmenso. Galicia clama por justicia y protección para su legado.

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